Saltar al contenido
TOTAL CONFERENCE

← Noticias

ENTREVISTA – YURI CALIL REVELA CÓMO BLINDAR LA LIQUIDEZ Y CUIDAR LOS COSTOS EN ENTORNOS COMPLEJOS

“La productividad y la resiliencia no son objetivos contrapuestos. Invertir en mejor genética, datos precisos, gestión rigurosa y disciplina financiera fortalece simultáneamente ambas metas” “La oportunidad probablemente no esté en sumar más hectáreas, sino en producir más por hectárea y más por animal”

Economista agrícola, profesor y especialista en Economía Agrícola de Texas A&M, Yuri Calil es un experto en estrategias y sistemas productivos que mejoran la eficiencia económica y la sostenibilidad de las empresas agropecuarias.

En su retorno a Total Conference 2026, espera sumar valor a la conversación desde una perspectiva comparada y un marco de trabajo que respalde la toma de decisiones. Lo precede un reconocimiento internacional desde la labor que cumple en AgriLife Extension de Texas A&M, una de las instituciones de investigación y extensión agropecuaria más prestigiosas de Estados Unidos.

En esta entrevista el también productor rural comparte su mirada sobre los desafíos que los productores agropecuarios deben gestionar en entornos económicos y logísticos complejos a fin de mantener y mejorar los márgenes de rentabilidad y sostenibilidad. De manera específica, Calil se adentra en el análisis del tipo de cambio, la volatilidad de costos, la adopción de tecnologías digitales y la importancia de gestionar los márgenes financieros en el sector agropecuario boliviano.

TOTAL CONFERENCE (TC): En esta, su segunda participación en Total Conference, ¿cómo ha visto la evolución del sector agropecuario boliviano y qué potencial identifica para los próximos años?

YURI CALIL (YC): Lo que más me llama la atención es cómo han cambiado las preguntas. En las primeras ediciones, la mayoría de las consultas de los productores eran técnicas: preguntas sobre zootecnia y tecnologías agronómicas.

Hoy en día, las primeras preguntas suelen girar en torno al dólar, el diésel, los permisos de exportación y el acceso a capital de trabajo. No veo esto como una pérdida de interés en la agronomía o la zootecnia. Se trata de un sector que está descubriendo que su margen ahora se decide tanto fuera del campo como dentro de él.

El rumbo general es claro. El hato nacional parece situarse cerca de los once millones y medio de cabezas, con aproximadamente la mitad en Santa Cruz. Según las cifras oficiales que he visto, las exportaciones de carne vacuna el año pasado superaron las cuarenta mil toneladas, por un valor cercano a los doscientos millones de dólares. Eso ocurrió en un año en el que las exportaciones estuvieron restringidas durante varios meses.

La soya ha generado más de diez mil millones de dólares durante la última década. Sin embargo, los rendimientos aún parecen estar por detrás de los de los países vecinos.

Por lo tanto, la oportunidad probablemente no esté en sumar más hectáreas, sino en producir más por hectárea y más por animal. El crecimiento de la productividad rara vez proviene de un solo insumo; surge de un paquete tecnológico donde la genética, la agronomía, la maquinaria y la gestión avanzan en conjunto. Detrás de esos avances hay años de investigación, adaptación y extensión.

TC: ¿Cuáles serán los principales temas que abordará en Total Conference 2026 y por qué considera que estos aspectos son relevantes para los productores y empresarios agropecuarios de Bolivia?

YC: Presentaré una perspectiva económica estructurada en torno a tres preguntas centrales:

En primer lugar, ¿qué está cambiando por el lado de los ingresos? Esto implica las perspectivas de la oferta y la demanda, los precios de los commodities, las condiciones de exportación y las fuentes de riesgo de precios. Dedicaré un tiempo al nuevo régimen cambiario, a lo que nos dice la investigación en países comparables y a los aspectos en los que Bolivia podría ser diferente. La modificación en el tipo de cambio no es un evento aislado, impacta en los ingresos, los insumos importados, la deuda y el capital de trabajo en diferentes fechas y con distinta intensidad.

En segundo lugar, ¿qué está cambiando por el lado de los costos y la productividad? Aquí complementaré la presentación del Dr. Juan Landívar, director de Texas A&M AgriLife Research, analizando la economía de la agricultura digital, incluyendo los gemelos digitales (digital twins), la inteligencia artificial y la teledetección. La pregunta que me importa no es si la tecnología resulta impresionante, sino si reduce costos, mejora los tiempos o disminuye el riesgo lo suficiente como para pagarse por sí misma. Hemos aplicado estas herramientas en Texas y compartiré lo que aprendimos, incluyendo lo que funcionó y lo que no.

En tercer lugar, ¿qué puede hacer un productor ante todo esto? Un productor puede hacer muy poco respecto al tipo de cambio o al precio internacional de la soya, pero puede hacer mucho sobre su estructura de costos, la exposición cambiaria, la liquidez y las decisiones de comercialización.

El objetivo no es brindar un pronóstico en el que los productores deban creer a ciegas, sino ofrecer un marco de referencia para tomar decisiones bajo condiciones de incertidumbre.

TC: El agronegocio atraviesa un momento de profundas transformaciones globales. ¿Cuáles son las tendencias que más deberían considerar quienes toman decisiones en el sector?

YC: Señalaría cuatro tendencias principales:

  1. La confiabilidad del proveedor: Los compradores valoran cada vez más la continuidad en el suministro. El precio sigue siendo importante, pero la seguridad en las entregas parece pesar más que hace una década. Los proveedores confiables pueden ganar cuota de mercado, asegurar contratos más sólidos y, en algunos casos, obtener un sobreprecio.
  2. Presión sobre los márgenes de costos: El combustible, los fertilizantes, los fletes, las tasas de interés y el tipo de cambio pueden moverse más rápido que los precios de los commodities. La disciplina exige gestionar el margen integral y no solo el rendimiento. Los insumos biológicos forman parte de esta discusión y su uso seguirá en expansión; sin embargo, cada producto debe someterse a una prueba local de retorno de inversión antes de adoptarlos masivamente.
  3. Sistemas digitales integrados: La agricultura digital está pasando de herramientas aisladas a sistemas integrados. La tecnología crea valor cuando resuelve un problema concreto y genera un retorno directo que justifica su costo.
  4. Nuevas exigencias de mercado: El consumo de proteínas, los biocombustibles y la trazabilidad reconfiguran los mercados. Para un exportador sin litoral como Bolivia, cumplir con estos requisitos y mover el producto eficientemente puede ser tan determinante como el precio de venta.

TC: Usted suele insistir en que las decisiones del productor deben basarse cada vez más en información económica y de mercado, además del conocimiento técnico. ¿Qué indicadores recomendaría seguir de manera permanente?

YC: Organizaría los indicadores en cuatro bloques fundamentales:

  • Indicadores de mercado: Precios internacionales, paridad de exportación, la base local (local basis), fletes y tipo de cambio efectivo. Requieren seguimiento diario o semanal.
  • Indicadores operativos: Precio de equilibrio (break-even), rendimiento de equilibrio, costo por hectárea, costo por kilogramo producido y días de inventario de combustible. En épocas volátiles, deben actualizarse mensualmente. El costo actualizado es el que realmente respalda una decisión operativa.
  • Indicadores financieros: Margen de beneficio operativo, capital de trabajo respecto a ingresos brutos, cobertura del servicio de deuda y la calza monetaria entre deuda e ingresos. Si se cobran ingresos en una moneda y se asumen deudas en otra, se genera una posición de riesgo cambiario que debe ser administrada explícitamente.
  • Políticas públicas y logística: Monitoreo de permisos de exportación, acceso a divisas, abastecimiento de diésel, estado de carreteras y posibles bloqueos o interrupciones de transporte.

Ningún productor puede medir todo esto solo mientras atiende el campo. Ahí radica el valor de las asociaciones de productores, universidades y asesores privados: transformar datos dispersos en inteligencia accionable para cada tipo de propiedad. La pregunta clave al final del día es: tras un escenario desfavorable pero realista, ¿cuánto margen y liquidez conservaremos?

TC: Frente a esta constante volatilidad de los mercados agrícolas, ¿qué diferenciará a las empresas agropecuarias que logren crecer en entornos complejos de aquellas que no puedan o no sepan cómo enfrentar estos desafíos?

YC: Las empresas que crezcan no serán necesariamente las más grandes, sino aquellas que logren adaptarse sin perder el control financiero. Lo primordial es dominar los fundamentales: conocer al detalle los costos, proteger el capital de trabajo y evitar obligaciones fijas impagables en un año malo. Además, es crucial diversificar proveedores, compradores y canales de comercialización.

Luego viene la disciplina, simular los escenarios adversos antes de comprometer la inversión, calculando el impacto de un retraso en el combustible, un ajuste en el tipo de cambio o una restricción temporal a las exportaciones.

Invertir en productividad debe anteceder a la compra de más tierra, salvo que la adquisición fortalezca de forma evidente el flujo de caja del negocio. En cuanto al financiamiento, la moneda y el plazo de la deuda deben alinearse rigurosamente con la moneda y los tiempos de los ingresos. El objetivo final no es especular, sino mantener liquidez, flexibilidad operativa y múltiples vías de comercialización e insumos.

TC: ¿Qué mensaje final le gustaría compartir con los productores de Santa Cruz y Bolivia?

YC: Llego a Bolivia como un observador externo, por lo que procuro escuchar antes de ofrecer recetas. Los productores locales comprenden las limitaciones prácticas mejor que cualquier visitante. Lo que puedo aportar es una perspectiva comparada y un marco de trabajo para respaldar la toma de decisiones.

Una lección clara de otros países es que la productividad y la resiliencia no son objetivos contrapuestos. Invertir en mejor genética, datos precisos, gestión rigurosa y disciplina financiera fortalece simultáneamente ambas metas.

Bolivia tiene un enorme potencial productivo. El desafío es convertir esa capacidad en márgenes estables y sostenibles dentro de un entorno económico y logístico complejo. Eso requiere que la investigación, la extensión universitaria, la inversión privada y las políticas públicas avancen en la misma dirección. Esa es la conversación a la que espero sumar en Santa Cruz durante la Total Conference 2026.

TOTAL CONFERENCE, “Compartiendo experiencias para el éxito de la agropecuaria en Bolivia”, es un espacio de intercambio de experiencias, conocimiento y networking dirigido a inspirar y transformar el futuro del agronegocio boliviano. También es un momento de encuentro para degustar la oferta gastronómica de la carne boliviana en un ambiente de confraternización y negocios.

TOTAL CONFERENCE 2026 se realizará el 4 de septiembre en el salón Chiquitano y en el Parque Ecológico de Fexpocruz. Para mayor información, registrar su participación y adquirir su entrada, ingrese a este link: WWW.TOTALCONFERENCE.COM.BO

Más noticias